George Miller vuelve a ponerse en la dirección de esta saga 30 años después. Una nueva historia, Tom Hardy sustituyendo a Mel Gibson en el papel protagonista y manteniendo la esencia de las películas ochenteras adaptada a los tiempos actuales.
Desde el primer instante del film se aprecia su ambiente de acción y a rueda quemada. Y es que se ambienta en un futuro post-apocalíptico, una Tierra seca que es un inmenso desierto y el bien más preciado es la gasolina, aparte del agua, para poder encontrar recursos con el uso de vehículos.
Este es el punto de partida que no necesita contarlo a través de conversaciones sino más bien de una forma visual. Un método algo perdido a día de hoy. Nos encontramos con uno de sus puntos fuertes; los diálogos cortos y justos. Nada sobra en este aspecto, ya que la mayor parte de este mundo y de la sociedad que se nos muestra lo cuenta con imágenes.
Al conseguir una buena narrativa visual el gran beneficiado de todo esto es la acción. Una acción tan cuidada y con una estética tan original y variada que atrapa al espectador durante dos horas de adrenalina pura sin casi un momento de descanso.
Si también juntamos unos primeros planos de los personajes durante la acción en los momentos adecuados y que en muchos casos con tan solo verles durante un segundo nos da la sensación de saber que van a hacer en ese momento. Han sabido hacer un montaje a la altura combinando todo este tipo de planos con otros más lejanos para saber en todo momento la coreografía de coches que nos quieren mostrar y que nada sale de la nada. Todo está cuidado. Cada coche, cada detalle del mismo, la ubicación exacta de los personajes y sus coches.
Las actuaciones de los dos protagonistas: Tom Hardy y Charlize Theron son más que dignas ayudando a que la película sea totalmente equilibrada en todo.
Además una de las bandas sonoras que ayudan a tronar más todos los sonidos de los motores y las explosiones. Una de las bandas sonoras más originales de los últimos tiempos apoyada en los tambores haciendo captar más todavía la atención del espectador.
Toda una sorpresa bien ejecutada. Una película tan adrenalínica como espectacular y divertida. Estética, acción, detalle... todo está combinado de una forma magistral. Una cinta traída directamente de los ochenta adaptada a los años actuales sin perder nada de esa esencia por el camino. No es perfecta, pero se queda a poco de serlo. Y es que todo es furia en la carretera.





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